Cristina Hernando

Pues sí. Las elefantitas también reivindicamos este día como nuestro, ¿o pensáis que nuestras parejas colaboran en todo? Siendo sincera, os diré que no, pero no todo es malo.

Cierto que hay algunos que no merecen estar en este planeta, pero la mayoría son buenos compañeros y aunque no nos ayuden mucho con los peques, por lo menos nos defienden de los peligros de esta jungla en la que vivimos y algunas veces incluso intentan innovar con la comida, que es algo de agradecer.

Es verdad que buena parte del tiempo la dedican a la contemplación de gacelas, jirafas, leones; a olfatear el viento, a escuchar los sonidos de la selva, a la siesta… pero cuando nos ven con el rabo alzado nos llevan a algún lugar cuqui para compensar.

¿Es lo ideal? No, pero el camino se hace andando y lo importante es empezar a caminar.

Tampoco tenemos muchos problemas de violencia de género. Creo que en nuestro mundo todos saben lo bonito que es tener una pareja que te acompañe en esta vida (que a veces es tan difícil) y nos valoran como compañeras y como madres. Incluso como solucionadoras de conflictos, porque somos mucho más empáticas que ellos y siempre buscamos caminos alternativos para todo.

Aquí cada uno tiene su papel y lo desempeña a la perfección, por eso nunca uno es más importante que otro: la igualdad existe. Y otra cosa muy importante: nunca interferimos en las decisiones de nadie. La libertad de uno termina donde empieza la del otro.

Y sí, ya sé que a veces no somos fáciles, que no nos entendéis (no sé muy bien por qué), que lloramos sin razón (aunque siempre la hay), que nos enfadamos por tonterías (que nunca lo son) y que pedimos y reivindicamos nuestra libertad y nuestro lugar en el mundo; pero decidme, si vosotros estuvierais en nuestro lugar, ¿no haríais lo mismo? Yo creo que sí.

Y, además, ¡qué aburrida sería la vida si no existiéramos!

Por eso, elefantes del mundo, ¡hoy tenemos que convertir la tierra en un mar violeta!

                                                                                                                                     Cristina H.